
Un espacio sagrado para compartir la Medicina de la Madre Divina Pachamama, y celebrar los ciclos de nuestra Sagrada Naturaleza Femenina
jueves, 24 de marzo de 2011
Invocación de la Medicina de la Diosa Madre

sábado, 5 de diciembre de 2009
AutoSanación de la Diosa
Herramientas de Autosanación para la Diosa que tú eres
A lo largo de su camino, muchas personas van juntando objetos que tienen un valor especial para ellas. Estos pueden venir de la naturaleza, como en el caso de una pluma, una piedrecita o una hierba especial, medicinal. Por lo general, simbolizan hitos del camino espiritual de quien los posee. Si aprendemos a utilizar estos objetos, es posible que nos ayuden a reconocer que las cosas comunes y corrientes pueden tener un gran valor en nuestra vida espiritual.
Cuando una persona entiende que los objetos no tienen ningún poder en sí mismos, sino que encierran un sentido para quien los usa, el uso de objetos sagrados le puede ayudar mucho a centrarse y prepararse para orar y meditar.
Uno de los regalos más valiosos que puedes recibir, de ti misma o de alguien, es tu Bolso-Medicina. Lo que hay ahí dentro exactamente sólo lo necesitas saber tú, aunque muchas veces no hay nada que podría sorprender a los demás. Son cosas normales para la vida diaria, sin embargo son sagradas y personales para tí. Constituyen tu medicina personal. Aquello que puede ayudar a sanar tu corazón, reconectarte con tu Alma. Recordar quién realmente eres. Salir de la burbuja ilusoria que la personalidad puede haber creado, para abrir nuevamente la vía directa al reencuentro con tu verdadero Yo, tu magnífica sabiduría Interior. La Maestra que tú eres. Una vez recordada esta Verdad, podremos obtener de nuestra propia fuente interior las respuestas y la fuerza que podemos estar necesitando en determinadas circunstancias de desafío durante nuestra Vida.
En las tradiciones nativas de las tribus de Norte América se porta con mucho respeto, el bolso-medicina. Esta bolsa contiene objetos sagrados pertenecientes a un individuo o a un clan y que le confieren una fuerza espiritual o física. Forma parte de importantes rituales de iniciación, teniendo por esto, un carácter profundamente sagrado. Muestra de ello es la tradición seguida por la tribu Crow de Norteamérica, según la cual se suele enterrar a los muertos con sus bolsas sagradas, para que sigan acompañando al Ser en su paso hacia la Nueva Vida.
“A los nueve años sus saberes comprendían la investigación y el juego en torno a prácticas de caza, recolección de frutos, peleas… que se tornaban en algo serio cuando debían superar, a la edad de 15 años, la ceremonia de iniciación que se establecía en la tribu a partir de una experiencia de supervivencia en solitario. La superación de la prueba (los chicos debían viajar hacia una montaña durante 3 días y la chicas debían sobrevivir, durante 5 días en un bosque) incluía la caza de un animal con cuya piel confeccionarían una pequeña bolsa de medicina personal que llevarían a lo largo de toda su vida colgada al cuello (…)”.
¿Y para que quiero seguir una tradición antigua en el mundo de hoy?
Parte de este camino de la Diosa, con el cual el Circulo de Mujeres trabaja, es la de reconectarte con la Naturaleza y a través de ella, con tu verdadera esencia. Cada animal, planta, piedra, estrella, grano de arena, cada ser animado o inanimado que existe en el Universo es sagrado. Todos tienen enseñanzas, y lo más importante: Todos somos UNO con TODO. Al sentarnos en Círculo alrededor de un fuego sagrado y conversar, compartir nuestros conocimientos, visiones, dudas, miedos e inquietudes, estamos re-creando aquel espacio de sabiduría ancestral femenina que sostuvieron nuestras antecesoras.
Dentro de este linaje ancestral femenino al cual pertenecemos, han habido chamanas y sacerdotisas, mujeres- medicina de pueblos nativos.. mujeres que han mantenido viva la conexión totalmente consciente con la Naturaleza y sus ciclos. Con Sus propios cuerpos, con los demás seres vivos…iniciando a otras mujeres en estos saberes, como parte de su vida cotidiana. Ahí donde la espiritualidad esta plenamente integrada con la naturaleza…wiccas, huicholes, lakotas, quechuas, druidas, mapuches, crow.. ahí encontraremos a estas mujeres.
Estos pueblos constituyen la fuente de gran sabiduría, no solo para las mujeres, sino para la Humanidad toda. Un sinnúmero de clanes, tribus y naciones de pueblos indígenas a lo ancho de la Madre Tierra, cuyas visiones, sueños, oraciones, canciones, sabiduría, experiencia y gentiles consejos constituyen el sustento y la realidad viviente del Arbol Sagrado.
Ahora, en el mundo actual, criadas y programadas dentro de las estructuras de pensamiento
occidental, ha llegado la hora de despertar. Dentro tuyo has sentido un llamado, y por eso estas aquí, con nosotras. Por eso estamos todas aquí. Algunos lo llaman “el regreso de la Diosa”, otros “”el renacimiento de la cultura matríztica”. No importan los nombres. Lo que importa es que tu Alma te esta pidiendo algo, te esta hablando de abrirte como una flor y brillar, sin miedos ni censuras. Y este brillo será el fruto de conocerte a ti misma y dejarte Ser. Cómo puedes conocerte a ti misma? Observándote, observando tus pensamientos, tus emociones…aceptándolos y abrazándolos, como una manifestación de ti misma en este momento de tu Vida. Y no juzgándote, ni censurándote en base a un “debo ser de tal o cual modo”. Ya sabes que ser mujer es ser cíclica. Nada está inmóvil, todo se mueve constantemente, y la ley de Evolución es inquebrantable. Siempre iremos hacia adelante. Confía en ti. Sé tierna contigo misma. Mímate, acéptate en tu locura y en tu paz. Confia, confía, confía…y si tienes tu bolso-medicina contigo, mucho mejor, pues ahí tendrás tus herramientas de autosanación para esos momentos de duda y confusión. Para volver a tu centro. Para impulsarte con fuerza hacia la Luz de tu corazón.
Necesitarás, en primer lugar, darte un tiempo para pensar en qué cosas te gustan, qué te hacen sentir liberada, que te ha servido antes para salir de un hoyo emocional.. qué te hace crecer..cosas materiales (herramientas) o inmateriales (quizá una carta escrita por ti misma, y dirigida a ti, para darte fuerzas!! )…pura auto observación.
Pon en él, con todo tu amor, tus hierbas medicinales, tus cristales, para trabajar con ellos y alinearte. Piedras sagradas, inciensos especiales para tí, esencias y aromas que te eleven el espíritu, aceites para darte un automasaje, un cd de música que te transporte y te ayude a elevar tu vibración, te relaje, te reconforte, te inste a meditar... un instrumento musical que al ser tocado, te alegre el corazón, plumas etc. Cosas escogidas por Ti, para Ti, para esos momentos en que necesites mimarte, cuidarte, abrazarte y recordarte quién eres, y de dónde vienes..de la pura Luz. Para la Diosa que hay en ti, que Tú eres.
Manos a la Obra
Bendita Seas!!!
lunes, 19 de octubre de 2009
Lectura de Circulo:
Lara Owen, Owen “Her Blood Is Gold: Celebrating the Power of Menstruation” Harper San Francisco, 1993
Una amiga judía me contó que cuando tuvo su primer período su madre la abofeteó. Con asombro ella reclamó: "¿Por qué hiciste eso?" Su madre respondió: "No lo sé, mi madre hizo lo mismo, es la tradición."Recibir una bofetada cuando una se vuelve mujer -ése es un punto interesante acerca de cómo es vista la naturaleza femenina. Tal vez se trate de un intento por eliminar el sentimiento de orgullo que llega con la primera sangre. Algo más acabó por quitarme el sentimiento de orgullo y creo que fue la ausencia de ceremonia. Sentía internamente que algo verdaderamente asombroso y mágico estaba ocurriendo, y sin embargo todos a mi alrededor lo trataban como algo trivial. Tenía una sensación de logro, con tintes de excitación, curiosidad y pena.También recuerdo una vaga conciencia de un futuro vasto y desconocido. Intuitivamente sabía que era un acontecimiento muy importante en mi vida -y no obstante nadie dijo nada al respecto, excepto para darme algunas toallas sanitarias. Creo que mi madre se sintió complacida -después de todo, significaba que estaba sana y creciendo normalmente- pero yo necesitaba más que eso. Necesitaba una ceremonia, una fiesta, algún gozoso reconocimiento público de este gran evento en mi desarrollo. Pero nada sucedió. Conforme pasaban los meses sentía cada vez más la vergüenza y cada vez menos la excitación y el orgullo que habían brillado momentáneamente con la primera sangre. En casa, mis períodos eran algo que debía mantenerse oculto de mi padre y mis hermanos. Si tenía que mencionarlo, hablaba en voz baja y preferiblemente con mi madre a solas. Poco después de iniciados mis períodos, durante un viaje familiar, tuve que pedirle a mi padre que detuviera el auto pues necesitaba ir a la farmacia. Por supuesto que quiso saber qué necesitaba comprar. Recuerdo un sentimiento horrible cuando le dije que necesitaba comprar toallas sanitarias. Era una peculiar mezcla de vergüenza, orgullo y pena absoluta. Él se portó muy bien al respecto, según recuerdo, y nunca dijo nada que me hiciese sentir avergonzada. Pero de alguna manera esa vergüenza siempre estaba en el fondo de mis pensamientos, y afectó toda mi relación con el mundo externo.
En otras culturas, en vez de ser ignorada, la menstruación ha sido considerada (y en algunos casos aún lo es) como un tiempo especial y sagrado para las mujeres. La abundancia de símbolos relativos a la mujer encontrados en excavaciones en lugares antiguos de Europa y el Cercano Oriente sugiere de manera enfática que dichas culturas eran matrifocales y reverenciaban a la Diosa y a los procesos del cuerpo femenino. Las prácticas rituales estaban ligadas al sangrado mensual de las mujeres y la sangre menstrual era altamente valorada como poseedora de poderes mágicos. La palabra ritual viene de "rtu", que significa menstruo en sánscrito. En la época anterior al sacrificio de seres vivos, la sangre menstrual se ofrecía en ceremonias. La sangre menstrual era sagrada para los Celtas, los antiguos Egipcios, los Maorí, los primeros Taoístas, los Tantristas y los Gnósticos.Los Nativos Americanos comprendían muy bien los diferentes sentimientos que las mujeres experimentan cuando menstrúan y para ellos estos sentimientos formaban parte de algo muy importante en los ciclos del cuerpo femenino. Las mujeres se retiraban a un recinto especial a pasar su sangrado. Se le consideraba ser el tiempo en que una mujer se encontraba en el nivel más alto de su poder espiritual, durante lo cual la actividad más apropiada era descansar y acumular sabiduría. La tribu Yurok del norte de California poseía una cultura espiritual muy desarrollada basada en el ritmo del ciclo menstrual para las prácticas rituales no sólo de las mujeres sino también de los hombres. Las mujeres acostumbraban retirarse "en masa" durante la luna nueva por un período de diez días. Durante ese tiempo los hombres se concentraban en el "desarrollo interno", en ceremonias y meditación. Mientras los adultos estaban ocupados acumulando poder espiritual, los niños eran cuidados por los ancianos de la tribu. Todo el trabajo que los adultos tenían que hacer se concentraba en los otros días del mes.
Cuando los hombres blancos entraron en escena, "el mundo se paró de cabeza". Las actitudes hacia la menstruación cambiaron y las muchachas fueron adoctrinadas por sacerdotes en vez de las ancianas de la tribu. En vez de enseñárseles que una vez al mes sus cuerpos se volvían sacros, se les enseñó que se volvían inmundos. En vez de retirarse a un recinto a meditar, orar y celebrar, se les enseñó que estaban enfermas.
En 1986 conocí a un maestro de las tradiciones Nativo Americanas. Me enseñó que una mujer menstruando tiene el potencial de ser más poderosa física y espiritualmente que cualquier hombre o mujer en cualquier otro momento. Aquello volteó de cabeza mis condicionadas representaciones de la realidad. Yo siempre había experimentado mi menstruación como un período de debilidad y dificultad. ¿De qué podría estar hablando aquel hombre?. Me indicó que cavara un hoyo en la tierra y que le hablara al hoyo de mis pensamientos negativos sobre la femineidad y el sangrado. Dijo que la tierra transformaría la energía negativa que yo sostenía alrededor de mi naturaleza femenina. Me sentí bastante tonta, pero de todos modos lo hice y me sorprendió descubrir cuántos malos sentimientos acerca del ser mujer acechaban dentro de mi mente feminista altamente educada. Este ejercicio fue doloroso pero muy eficaz. Comencé a ver mi sangre con reverencia más que con miedo, disgusto o indiferencia. Para ese entonces ya no usaba tampones, así que comencé a mirar mi sangre apropiadamente cada mes, en lugar de verla en un desagradable tampón. Vi que era clara y roja, y algunas veces más oscura y con coágulos. Si en verdad liberaba mi visión, entonces podía ver que estaba llena de vida, llena de magia, llena de potencial. Comencé a sentir gozo al pensar en mi sangre, en ser mujer, al pensar que después de todo había algo extraordinariamente mágico y misterioso en habitar un cuerpo femenino. El resentimiento que había sentido durante mi adolescencia por haber nacido mujer y la convicción de que los muchachos eran mejores, palidecieron y fueron reemplazados por una creciente sensación de maravilla frente a las complejidades, posibilidades y profundidades ofrecidas por el ciclo mensual.
Comencé a tomarme tiempo para descansar, meditar y simplemente estar conmigo durante los días de mi período. Me di cuenta de que entonces era particularmente capaz de reflexionar, y que dichas reflexiones eran de una naturaleza sin tiempo. Sentí que me estaba conectando con alguna antigua y vasta fuente de sabiduría femenina, simplemente con sentarme quieta y escuchar mientras sangraba. Tomarme ese tiempo durante mis menstruaciones creó una relación muy diferente con mi cuerpo. Mi salud mejoró y poco a poco los cólicos que había sufrido durante la mayor parte de mi vida se mitigaron, y mi período se volvió un tiempo de placer más que de dolor. Estaba comenzando a quererme a mí misma verdaderamente. Por supuesto que uno no puede obligarse a hacer esto, del mismo modo que uno no "hace" que otra persona lo quiera a uno. Comenzó a suceder de manera muy gradual, y mucha gente que se atravesó en mi vida me ayudó a ver con más claridad. Pero lo importante al principio fue el conocimiento de que la menstruación es una fuente de poder. Esta invalorable pieza de información, junto con el fuerte instinto que tenía acerca del poder del útero, transformaron mi profunda y en su mayor parte inconsciente falta de auto respeto. Pensar en la menstruación como una fuente de poder para las mujeres iba completamente en contra de mi condicionamiento, y sin embargo sabía en mi corazón que era verdad. Me di cuenta de que había muchísima energía en la dicotomía entre lo que nos enseña nuestra cultura y mi reacción instintiva de "¡Claro que sí!" a esta sabiduría ancestral. Cuando se localizan los puntos donde la cultura se separa de una verdad natural, se habrá encontrado una llave, un pasaje hacia las enfermedades de dicha cultura. Comencé a entender que la hendidura entre la sabiduría y el poder de la menstruación que yo estaba percibiendo y las actitudes de la sociedad moderna con respecto al útero, se situaba en el corazón de la subyugación y la negación de la realidad y la experiencia femeninas.

Cuando el útero y la menstruación son vistos únicamente como una incómoda necesidad biológica, la autoestima de las mujeres es correspondientemente baja. Nosotros somos nuestros cuerpos, y no podemos realmente amarnos en lo profundo de nuestros corazones si no amamos nuestros cuerpos sinceramente. Y no amas tu cuerpo si te sorprendes diciendo "¡Oh, no! ¡Me bajó la regla!"
Los cambios que han tenido lugar en la vida de las mujeres durante los últimos treinta años podrían parecer una revolución, pero en muchos casos han sido más bien una asimilación. Las mujeres que buscan poder en un mundo masculino han tenido la tendencia de hacerlo convirtiéndose en pseudo-hombres. Y quizás inadvertidamente el feminismo ha desempeñado un papel en la supresión de la menstruación. Uno de los miedos más grandes que he encontrado en mujeres exitosas y ambiciosas cuando hablo de las ideas antiguas del poder de la menstruación, es que esto afecte de algún modo su mito de ser "tan buenas como los hombres y a veces mejores".
Muchas mujeres no quieren profundizar en el tema de la menstruación, asustadas de lo que pudieran descubrir. Les parece mejor suprimir sus sentimientos con tranquilizantes, rociarse con desodorantes vaginales para disfrazar el olor de la sangre, anestesiar su dolor con químicos, y absorber su sangre con tampones de modo que no tengan que verla. Es más fácil ser una mujer exitosa en un mundo de hombres si apenas reconoces que menstrúas. La tecnología de la supresión -tampones, desodorantes vaginales, calmantes sofisticados y drogas antidepresivas- ha actuado junto con el mito de la supermujer para crear una actitud cultural predominante de que una mujer menstruando no es diferente de la que no menstrúa. El problema con todo esto es que simplemente no es verdad. Cualquier mujer remotamente en contacto con su cuerpo sabe que cuando está menstruando, y por lo general días antes, se siente distinta. Y éste es un hecho de la naturaleza que no puede ser negado.Uno de los aspectos de la menstruación que ahora amo y aprecio es la predecible imposibilidad de predecirla. Una nunca sabe cuándo vendrá exactamente y algunas veces te toma completamente por sorpresa. Y no sólo no toma en cuenta los horarios sino que además es un lío. Tratamos tanto de ordenar y hacer sanitaria la vida moderna que corremos el riesgo de que no quede vida en nosotros. Las menstruaciones nos salvan de ese destino -son un aspecto salvaje y primitivo, crudo e instintivo, sangriento y eterno de lo femenino- y ninguna cantidad de "civilización" cambiará eso. Mi período es un acontecimiento mensual en mi vida que tengo en común con todas las mujeres que han vivido. Las mujeres que vivían en cuevas hace 20,000 años, las sacerdotisas en las pirámides del antiguo Egipto, las videntes de los templos de Sumeria: todas ellas sangraban con la Luna. La primera mujer que produjo el fuego pudo haber estado menstruando en esa ocasión. Eso es algo en qué pensar.Si la menstruación es un tiempo altamente creativo para las mujeres en el aspecto psíquico y espiritual, quién sabe cuántos regalos habrá recibido la humanidad de las mujeres durante sus períodos. El valor que asignamos a la menstruación tiene correlación directa con el valor que nos asignamos como mujeres. Y esto afecta a los hombres también. Pensamos que los sexos están separados, y de algún modo así es. Pero por otro lado todos somos parte de la misma gran sopa humana, y el modo en que las mujeres se ven a sí mismas y son vistas afecta también a los hombres.
Tal pareciera en la superficie que los hombres han tenido la ventaja durante los pasados varios miles de años, pero eso es verdad sólo desde cierta perspectiva. Tanto hombres como mujeres han sacado provecho y han sufrido por los desequilibrios de la sociedad patriarcal. También los hombres han sido separados de sus cuerpos y de sus sentimientos, y del placer y curación que son posibles cuando se dan relaciones basadas en la cooperación más que en la jerarquía y la dominación. Imagina un mundo en el que hombres y mujeres trabajen juntos para desarrollar el sentido de paz interna que se produce al sentarse quieto un par de días al mes; un mundo en el que los hombres apoyen a las mujeres para que pasen algunos días en calma y silencio; un mundo en el que la sangre menstrual sea otra vez un fluido mágico con el poder de nutrir la vida nueva; un mundo en el que la menstruación sea entendida como el Sabbath de las mujeres -un espacio natural dentro de un ciclo lunar para el retiro, la introversión y el trabajo interno; un mundo del cual las mujeres emerjan como la misma luna nueva, renovadas y mudadas de la vieja piel.
Hace algunos años tuve la oportunidad de pasar largas temporadas sola en un lugar hermoso en las Sierras a orillas del Lago Tahoe, un lugar vasto y azul sagrado para los Indios. Comencé a retirarme por completo cuando tenía mi período, quedándome quiera y sola, sentada en la tierra bajo el sol, con lagartijas y grajos azules como compañía, con el viento y la luna y el sol, las ondas y los colores de la superficie del lago guiándome y entreteniéndome.Viajaba dentro de mi psique y me encontraba repentinamente llorando por algo olvidado hace mucho, algún suceso de mi niñez o adolescencia. Mi período se volvió un tiempo en el que era particularmente capaz de abrirme al material psicológico y a soltar emociones. Noté que después de los primeros días de sangrado, me quedaba muy quieta y callada durante aproximadamente un día, y aparentemente no sucedía nada - un espacio vacío después del llanto y los recuerdos. Luego, conforme mi período terminaba, había varias horas de claridad en las que era particularmente creativa y abierta a información acerca del futuro -por lo general del mes siguiente, pero a veces más adelante aún.
Este patrón continúa, aunque usualmente es menos intenso hoy en día. Gran parte de los embrollos psicológicos que guardaba profundamente han sido soltados -probablemente tanto como mi psique quiere hacerse cargo en esta etapa de mi vida. Ahora me siento más actualizada conmigo misma, así que hay menos cosas que soltar, por lo general son simplemente cosas a las que me he aferrado durante el último mes. Todavía lucho con el tiempo vacío y a menudo comienzo a hacer cosas, imaginando que no está sucediendo nada internamente, sintiendo que sería mejor regresar a mis actividades en el mundo externo. Con frecuencia esto tiene repercusiones y encuentro que logro muy poco y gasto mucha energía. Es difícil sentarse quieta cuando no surge nada en qué trabajar, me es difícil honrar ese vacío aunque sé que precede a la creatividad, la inspiración y la percepción interna. Todo es parte del proceso, pero se trata de una parte sin dramatismo y aún tengo la tendencia de tratarlo sin miramientos. No suelo practicar la meditación todos los días. Prefiero ajustar mi tiempo de contemplación a mis propios impulsos. Cuando tengo mi período, a menudo entro en un espacio callado, solitario y meditativo durante tres o cuatro días, y luego mucho menos frecuentemente el resto del mes. Siento esto como un ritmo muy natural para mí, y es por eso que considero el tiempo de sangrado como el Sabbath de las mujeres.
Sangrar en la Tierra
Tradicionalmente, las mujeres Nativo Americanas acudían al recinto de la luna mientras menstruaban y sangraban sobre musgo, sentadas en la tierra. Consideran que la relación entre las mujeres y la tierra es de suma importancia, y dicha relación es nutrida mediante sangrar en la tierra. Cuando las mujeres hacen esto tienen una conexión celular directa con la tierra, lo cual las ayuda a centrarse y a "hacer tierra".
La primera vez que escuché de una amiga mía la idea de sangrar en la tierra, pensé que sonaba un poco tonto, un poco pretencioso. Pero comencé a hacerlo tentativamente, y empecé a sentir un vestigio de conexión con algo muy antiguo. Uno de los problemas que tuve fue averiguar cómo hacerlo. Las mujeres nativo Americanas solían sentarse sobre musgo en la casa de la luna. ¿Dónde se suponía que debía sentarme a sangrar? Aún si encontraba unbuen pedazo de tierra donde sentarme, no quería quedarme ahí todo el tiempo. Entonces comencé a usar almohadillas de tela para absorber mi sangre, las que remojaba en agua antes de lavarlas. Me di cuenta de que podía verter el agua de remojo en la tierra, así que eso es lo que hago ahora. El agua es de un hermoso color rojo, y la vierto en la tierra alrededor de las plantas. Este acto me llena con un sentimiento de conexión, de propiedad, de estar en paz con algo que a menudo es hecho a un lado en la vida moderna. Actos simples de valor, sabiduría simple. Es como cortar leña, arrullar a un bebé, hornear pan o beber de un riachuelo silvestre. Es uno de esos actos de ser un ser humano que está fuera del tiempo, que tiene un valor eterno, parte de estos continuos giros de vida y muerte. Las células que mueren en mi cuerpo y que son transportadas en la sangre menstrual, son alimento para la tierra. Lo que muere da a luz. Lo que muere alimenta a quienes viven y habrán de vivir.
Si ignoro mi sangre me distancio de este conocimiento. Temo a mi sangre y me desagrada -pues si desconozco que también es alimento, que también es un regalo que yo porto, entonces la veo como mera pérdida. Un desperdicio de sangre, un desperdicio de tiempo, un bebé que no fue concebido. Ya sea que desee un embarazo o no, mi sangre es siempre un regalo. Y es un regalo en el sentido literal, así como un regalo psíquico para mí misma. Es un regalo de mi cuerpo a la tierra: la madre que me ha alimentado y nutrido cada día de mi vida.© Lara Owen
Bibliografía:"Daughters of Copper Woman", Anne Cameron, Press Gang 1981"Blood Magic", Buckley & Gottlieb eds., University of California 1988"The Once & Future Goddess", Elinor Gadon, Harper & Row 1989"The Woman's Encyclopedia of Myths & Secrets", Barbara Walker, Harper & Row, 1983
viernes, 27 de febrero de 2009
Diosas de los 4 Elementos
Aqui una ofrenda maravillosa, una hermana del Circulo, Sandra, nuestra Hada Chuen nos comparte esta información:
DIOSAS DEL AIRE
Las diosas del aire nos conectan con nuestra propia sabiduría interior, con el aliento de vida, con el espíritu que se expresa y manifiesta a través de nuestra voz.
Las Diosas del Aire son las que rigen el plano de los pensamientos y la comunicación, siendo quienes protegen y propician la transmisión de ideas, mensajes y visiones.
Ellas nos acompañan cada vez que necesitamos crear nuevos proyectos y nos ayudan a limpiarnos de pensamientos negativos.
Las Diosas de Aire están representadas por todas las ancianas sabias, las diosas ancestrales, las abuelas que tienen el conocimiento y lo transmiten a sus hijas y nietas de generación en generación.
El búho, el cuervo, el cóndor y el águila son sus animales de poder, quienes llevan y traen información, comunicando los diferentes mundos entre sí.
Ellas son las guardianas del saber más antiguo. Nos brindan claridad mental y libertad para comunicarnos.
Esparcen el conocimiento así como el viento esparce las semillas y el polen de las flores multiplicando la vida.
Otorgan el don de la transmisión y nos traen sabiduría y visión.
LAS DIOSAS DEL FUEGO
Las diosas del fuego nos conectan con la intensidad, la búsqueda, el coraje, el dinamismo, la intuición, la pasión y la creatividad.
Ellas nos ayudan a transformar todo lo que debe ser transformado y a fortalecer nuestra propia identidad.
Las Diosas del Fuego nos dicen que Creamos en Nosotras.
DIOSAS DEL AGUA
Las diosas del agua nos conectan con nuestra sensibilidad y con el mundo de las emociones.
Nos otorgan la capacidad de gestar, proteger y nutrir todo aquello que es vulnerable y necesita de cuidado y contención.
Podemos invocarlas cada vez que necesitemos limpiar nuestras emociones, sanar heridas, aliviar tensiones y destrabar bloqueos que impidan la fluida expresión de nuestros sentimientos.
Protegen y propician las relaciones afectivas entre las personas.
Ellas habitan en la profundidad de nuestro inconsciente y son las guardianas de todas las riquezas y los tesoros que aún permanecen ocultos en ese vasto mundo.
Otorgan gran capacidad para recibir aquello que está más allá de la forma y la palabra.
Nos conectan con los mundos más sutiles y nos brindan el don de la empatía, la comprensión y la compasión.
DIOSAS DE LA TIERRA
Las Diosas de la Tierra nos otorgan prosperidad y abundancia. Generosamente nos brindan alimentos y nutrición, y los recursos necesarios para concretar nuestros sueños en la realidad.
Conectan el mundo de la materia con los sabores, los aromas, las texturas, el tacto, el cuerpo y nuestras necesidades más ligadas al mundo de lo concreto.
Podemos invocarlas cuando necesitamos conectarnos con nuestro cuerpo de manera más amorosa, cuidadosa y placentera, cuando necesitamos nutrirnos mejor, conectar con el aquí y ahora, y fortalecer nuestra sensación de estar bien plantadas en el mundo.
Nos ayudan a estar muy conectadas con la realidad y a no perder el contacto nutricio con nuestras raíces.
Las Diosas de la Tierra nos piden que Cuidemos a la Madre Naturaleza, y nos dicen que Amemos nuestros Cuerpos de Mujer porque es el Templo de la Diosa.
lunes, 26 de enero de 2009
Camino Iniciático Femenino de la Nación Lakota
EXTRACTO DE CLARA CASTELLOTI DEL LIBRO “MADRE TIERRA, HERMANA LUNA”. TIKAL EDITORIAL.
Un mito sioux, el de la Mujer Bisonte Blanco describe las siete etapas que sigue la mujer en su camino hacia la autorrealización. El origen del mito lakota es conocido como "El camino de la belleza" y es un ritual sagrado que dura toda la vida.3. El camino de la Madre. Desde el punto de vista espiritual, el nacimiento de un hijo es el evento más importante de la vida de una mujer; ya que entonces entra a formar parte de la comunidad espiritual femenina. Al cruzar la frontera entre la vida y la muerte con el parto es recibida en la comunidad de las matronas, donde inicia la verdadera enseñanza. En el período de la madre aprende la disciplina del sacrificio: cuerpo, tiempo, psique, conocimiento, vida social, condición económica, relaciones y valores son puestos al servicio de los niños. Este pasaje, ambivalente como ningún otro, la empuja a superar todos los límites que tenia previstos. Aprende a controlar completamente su mundo, intentando armonizar sus necesidades individuales con las demandas externas que constantemente caen sobre ella; alcanza así el poderoso equilibrio entre realidad interna y externa sobre el cual se basa este ritual sagrado. En el camino de la madre, la vida espiritual de la mujer pone sus raíces y florece: no hay que olvidar que en muchas culturas antiguas el dar a luz simbolizaba para la mujer una iniciación.
viernes, 23 de enero de 2009
El Consejo de las 13 Abuelas Indígenas
En Octubre de 2004 trece abuelas indígenas procedentes de distintos lugares del planeta se reunieron en Phoenix, Nueva York. Asistieron allí para dar cumplimiento a las antiguas profecías comunes a todos sus pueblos que anunciaban que llegaría un tiempo de grave crisis en que ellas serían llamadas a unirse para salvar la Tierra y a todos sus hijos.
http://www.grandmotherscouncil.com/
http://www.sacredstudies.org/
http://www.forthenext7generations.com/







